En el alto standing de Madrid es cada vez más frecuente que el interesado en su vivienda no venga solo: llega acompañado de un personal shopper inmobiliario o buyer's agent, un profesional contratado por el comprador para buscar, filtrar y negociar. No es un problema —suele agilizar la operación—, pero cambia las reglas de la negociación y conviene saber cómo funciona antes de la primera visita.
A quién representa realmente
El personal shopper trabaja para el comprador y cobra de él. Su encargo es encontrar la vivienda adecuada y conseguir el mejor precio y las mejores condiciones para su cliente, lo que incluye detectar defectos, comparar con otras opciones y construir argumentos de rebaja. Por eso, todo lo que se le cuente de más se usará en la negociación.
Antes de abrir la puerta conviene pedirle por escrito tres cosas: quién es el cliente final, si actúa con encargo firmado o con poder de representación, y qué capacidad de compra tiene acreditada. Un asesor serio no tiene inconveniente. Esto enlaza con el trabajo de verificar la solvencia del comprador, que en el segmento premium es imprescindible.
Quién paga a cada intermediario
La regla sana es sencilla: cada parte paga a su profesional. Los honorarios del personal shopper los abona el comprador, conforme al contrato que haya firmado con él; los del agente vendedor los abona el propietario según su hoja de encargo. Los problemas aparecen cuando el asesor del comprador pretende que su comisión salga del precio de venta o pide una parte de los honorarios del vendedor.
- No acepte modificar su comisión pactada para acomodar a un tercero sin ponerlo por escrito y valorar el impacto neto.
- Si se acuerda algún reparto de honorarios, debe constar en un anexo firmado, con importes, hito de devengo y facturación. Sobre esto tratamos en cuándo se paga y cómo se factura la comisión.
- Nuestra comisión máxima al propietario es del 2 % y no se incrementa por la presencia de un asesor del comprador.
Cómo negociar con un profesional al otro lado
Un buyer's agent negocia todos los días; el propietario vende una casa cada muchos años. Esa asimetría se corrige con método:
- Ofertas por escrito y completas: precio, forma de pago, origen de fondos, plazo hasta arras, plazo hasta escritura, condicionantes y qué se incluye en el mobiliario.
- Un solo canal de comunicación. Todo pasa por su agente. En las conversaciones sueltas de la visita es donde se pierden los márgenes.
- Información controlada. Motivo de la venta, urgencia, si ya ha comprado otra vivienda o cuánto tiempo lleva el inmueble en el mercado son datos que no aportan nada a su posición.
- Condiciones suspensivas medidas. Si la oferta depende de financiación, fije plazo cierto y consecuencias; le interesa leer cómo se redacta una condición suspensiva.
- Arras proporcionadas. Una señal baja convierte la reserva en una opción gratuita para el comprador. Conviene repasar las diferencias entre tipos de arras.
Señales de alerta
- Quien no identifica a su cliente ni acredita representación y, sin embargo, insiste en visitar con cámara o pide el dosier completo.
- Ofertas verbales muy por debajo del precio con el argumento de «tengo otros inmuebles parecidos»: si no hay documento, no hay oferta.
- Presión para firmar una reserva con documentos redactados por la otra parte y sin revisión previa.
- Peticiones de datos personales de la comunidad o de los vecinos, que además están limitadas por la normativa de protección de datos.
Bien gestionado, el asesor del comprador es un aliado: filtra curiosos, trae clientes con capacidad y acelera los plazos. La clave es que la negociación se libre entre profesionales, con documentación ordenada y una estrategia de negociación definida antes de recibir la primera oferta.
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